• Antonio Ocaranza Fernández

Las grietas del mensaje de seguridad de AMLO


Si el presidente López Obrador no piensa cambiar su estrategia de seguridad, por lo menos debería de mejorar sus mensajes.

Publicado en la revista Revista Fortuna el 29 de septiembre 2022.


Hay motivos para pensar que el presidente López Obrador, a pesar de sus constantes referencias a los éxitos de su estrategia de seguridad, se encuentra profundamente preocupado por los resultados. Todos los días 20 de cada mes, el gabinete de seguridad da un reporte de avances, todos los jueves el subsecretario de Seguridad Pública, Ricardo Mejía, habla del compromiso de cero impunidad y a diario el presidente dedica tiempo a defender su política de “abrazos, no balazos”.


A pesar de sus esfuerzos, el presidente ha sido incapaz de cambiar la corriente de opinión mayoritaria de que su estrategia es un fracaso. Paradójicamente, por lo menos en tres aspectos, sus argumentos parecen reforzar las críticas de sus adversarios.


1.- El pueblo apoya mi política. El presidente recurre a su popularidad para señalar que la mayoría de los mexicanos respaldan su enfoque de seguridad, pero no existe ninguna relación entre los dos temas. En la encuesta de El Financiero del 1 de septiembre de 2022, 65 por ciento de los mexicanos pidieron cambiar la estrategia de “abrazos no balazos”, solo 31 por ciento dijo respaldarla. La encuesta de Reforma publicada el 31 de agosto de 2022 es más crítica ya que el 69% opina que se debe aplicar toda la fuerza del Estado contra el crimen, contra apenas el 16% que apoya la estrategia presidencial. La encuesta de Buendía y Márquez, publicada el 31 de agosto en El Universal, reveló que para el 55% de los consultados el incremento de la violencia en el país es una señal del fracaso de la estrategia del presidente. El presidente sin duda es popular, pero la mayoría de los mexicanos rechazan su política de seguridad y cuestionan sus resultados.


2.- Más muertes… con más guardias. El presidente ha destacado que los homicidios dolosos en su gobierno han decrecido 10% comparado con el inicio de su gobierno y que ha elevado a 120 mil el número de efectivos de la Guardia Nacional. En 2018, ya con la División de Gendarmería incluida, la Policía Federal llegó a un total de 37 mil 293 elementos y en el sexenio de Peña Nieto se registraron 156 mil homicidios dolosos. Pero, en lugar de tener menos homicidios por tener más guardias, en lo que va del gobierno del presidente López Obrador ha habido 120 mil homicidios dolosos. Parece que los homicidios son directamente proporcionales a los guardias. Cuando se comparan las cifras de homicidios con el aumento en el número de guardias o el tiempo que el presidente y su gabinete dedican al problema de la inseguridad, se alimenta la impresión de que el gobierno es ineficiente y la estrategia está equivocada.


3.- Más guardias federales que locales. De acuerdo con el presidente López Obrador, hay 19 estados de la república donde hay más elementos de la Guardia Nacional que policías estatales y municipales. Usa este dato para resaltar la debilidad de las policías locales y la necesidad de la presencia de la Guardia, el Ejército y la Marina en labores de seguridad. Precisamente lo que la oposición y analistas reclaman es que el gobierno no ha cumplido el compromiso de mejorar a las policías locales que está claramente estipulado en el transitorio de la reforma del 2019 que señala que el objeto de la Guardia Nacional es “colaborar temporalmente en las tareas de seguridad pública que corresponden a las entidades federativas o municipios”. La organización Causa en Común ha criticado al gobierno por hacer recortes al Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP) y dejado sin recursos a Fondo del Programa de Fortalecimiento para la Seguridad (Fortaseg).

Aunque estos tres ejemplos muestran como el discurso del presidente alimenta los argumentos de sus adversarios, es sorprendente cómo el presidente López Obrador es capaz de presentarlos de una forma que no merme su apoyo social y cómo sus críticos han sido incapaces de exponer las contradicciones de su mensaje para ponerlo a la defensiva. El presidente es hábil, la oposición inepta.


No obstante, a medida que ser acerque el final de su sexenio, con un número histórico de y un proceso electoral que lo volverá vulnerable, es conveniente que el presidente López Obrador considere que, si no piensa cambiar su estrategia de seguridad, por lo menos mejore sus mensajes.


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