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  • Foto del escritorAntonio Ocaranza Fernández

La oposición apuesta al 2030, no al 2024

Para los actores claves de la oposición (PRI, PAN, MC) no hay incentivos para ir en alianza a una esperada derrota en el 2024 y sí los hay para construir candidatos y estructuras propios rumbo a 2030.
Los partidos de oposición reconocen que vencer a Morena el año entrante será muy complicado y prefieren medir el músculo de sus estructuras con candidatos propios que les ayuden a energizar su militancia, considera Antonio Ocaranza Fernández. (iStock)

A estas alturas los partidos de oposición parecen haber descartado aliarse en una candidatura única para ganar los comicios del 2024 y están evaluando cómo, de manera individual, aprovechar la elección presidencial para reconstruirse. Reconocen que vencer a Morena el año entrante será muy complicado y prefieren medir el músculo de sus estructuras con candidatos propios que les ayuden a energizar su militancia. Piensan que, en siete años, sin la inercia de la popularidad de López Obrador y con el desgaste natural de gobernar, Morena será más vulnerable y podrán ganarle más fácilmente en la elección del 2030.


Las señales son claras. Movimiento Ciudadano no quiere ir con el PRI ni a la esquina. Alito Moreno ya se destapó como candidato del PRI y ha complicado la conformación de una candidatura de unidad que, ilusamente, el PAN piensa que podrá definir.

La dinámica se repite en los partidos aliados al gobierno. Discriminado como “corcholata”, Gerardo Fernandez Noroña plantea su candidatura presidencial por el Partido del Trabajo y el Partido Verde suelta la idea de que el senador Manuel Velasco puede darles más votos de manera individual que en alianza con Morena. Aunque no prosperen, la posibilidad de estas candidaturas empodera a estos partidos y les ayuda a encarecer los términos de una alianza con Morena.


El planteamiento de las candidaturas individuales de los partidos de oposición podría basarse en las siguientes premisas:


1. La gente está harta y la votación será más copiosa. Los partidos de oposición piensan que el descontento con el gobierno del presidente López Obrador sacará a más votantes y podrán tener mejores resultados y más prerrogativas. En un mar más poblado, no hay necesidad de compartir la pesca.


2. Más vale solo que mal acompañado. Los partidos apuestan a tener un número de diputados y senadores propios que, ante el escenario de un Congreso sin mayoría o con una mayoría de Morena muy frágil, les permita construir una plataforma hacia la siguiente elección presidencial y extraer mayores concesiones en las posibles alianzas parlamentarias. Más de uno puede considerar que la alianza con el vecino le resta atractivo entre su militancia y prefiera la pureza de sus propuestas y principios que la mezcla lodosa de historias incompatibles.


3. Consolidar liderazgos y eliminar disidentes. La elección del 2024 es para premiar a aliados y castigar a enemigos. Alito, Marko Cortés y Jesús Zambrano buscarán consolidar sus grupos distribuyendo candidaturas y construirán la nueva nomenklatura de sus partidos alrededor de un equipo compacto con la suficiente cohesión para tratar de llegar con fuerza al 2030. No obstante, en el proceso, tomarán el riesgo de menos representativos y de ser vistos más como un club de cuates que verdaderos partidos.


4. Las rutas claras hacia el 2030: cada partido puede pensar que tiene un camino seguro hacia la siguiente elección. El más visionario es Dante Delgado. Su partido, Movimiento Ciudadano, es joven y con presencia concentrada en ciertas regiones y necesita consolidarse. Pero con un candidato fresco y joven que genere arrastre, como Samuel García (y su esposa Mariana), quizá no gane a Morena pero, sin duda, puede obtener más votos que Alito Moreno u otro candidato de la alianza Va por México. Lo más importante para Dante es usar el 2024 para construir una estructura nacional que, aceitada durante 6 años, impulse, con altas posibilidades de victoria, la candidatura presidencial del, para entonces, senador Luis Donaldo Colosio Riojas.


Este escenario puede ser muy decepcionante para los mexicanos que desean un candidato único de oposición que pueda derrotar a Morena el año entrante. Pero no será la primera vez que el interés ciudadano sea desoído por los partidos políticos preocupados, ante todo, por proteger sus prebendas y prerrogativas. La realidad es que para los actores claves de la oposición (PRI, PAN, MC), no hay incentivos para ir en alianza hacia una esperada derrota en el 2024 y sí los hay para construir candidatos y estructuras propios con miras al 2030. Puede ser una perspectiva arriesgada y errada, pero los partidos de oposición asumen que perdiendo en 2024 se acercan a la victoria en 2030.


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