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  • Antonio Ocaranza Fernández

Diplomacia, una oportunidad para las ciudades



Cada vez son más las ciudades que buscan mejorar el bienestar de sus habitantes desarrollando una amplia actividad internacional. Lo que antes se limitaba a establecer hermanamientos de ciudades, hoy es una actividad que busca atender problemas urbanos cooperando con otras metrópolis, organizaciones internacionales y organismos no gubernamentales. Si tomamos en cuenta que en México el 80 por ciento de la población vive en ciudades, esta diplomacia es la más cercana a las necesidades de los habitantes del país. La diplomacia de un país es más amplia y compleja y con frecuencia puede sacrificar un tema vital para una ciudad en favor de otro. Por ejemplo, ciudades que son destino turístico, padecen de escasez de agua, promueven industrias tecnológicas o se ven plagadas por problemas de inseguridad, pueden ser más efectivas trabajando en iniciativas internacionales que atiendan sus contextos y compartir buenas prácticas para enfrentar estos retos que si dejan estas iniciativas en manos de sus gobiernos nacionales.


En 2020, el Consejo de Asuntos Globales de Chicago publicó el estudio Conducting City Diplomacy: A Survey of International Engagement in 47 Cities, basado en una encuesta a funcionarios de 47 ciudades alrededor del mundo, y en el que participaron dos ciudades mexicanas: la Ciudad de México y Colima. El estudio demuestra que, a pesar de la falta de recursos y estrategias, la actividad internacional de las urbes es percibida como algo natural y fructífero. De acuerdo con los resultados, el 86% de las ciudades cuenta con una oficina internacional y 93% ha designado a un funcionario de alto nivel para manejar sus relaciones internacionales. No obstante, sólo 40% tiene un presupuesto asignado para viajes internacionales, 38% tiene recursos para participar en conferencias o eventos internacionales y más del 25% carece de estrategias de vinculación internacional. Adicionalmente, un alto porcentaje de los funcionarios de las ciudades carecen de preparación internacional, de métricas, de avance de sus labores y de conocimiento de los temas internacionales que los afectan.


El estudio destaca cinco casos de diplomacia (Taipei, Montreal, Paris, Los Angeles y Amsterdam) con orígenes y propósitos distintos. Considerando la situación con la República Popular China, la actividad internacional de Taipei ayuda a reforzar el posicionamiento de Taiwán y a copar espacios en los que se puedan construir alianzas y desarrollar actividades. Actualmente, Taipei está hermanada con casi 50 ciudades en el mundo. Por su parte, Montreal se presenta como un “buen ciudadano del planeta” y ha tratado de construir una presencia internacional como anfitrión de congresos y eventos internacionales, incluido el Congreso Mundial de Metrópolis. París aprovecha su alta exposición mundial y la presencia de organismos internacionales (ej.: UNESCO, OECD), para reforzar su posición como una ciudad para el debate de temas mundiales como migración o cambio climático (ej.: el Acuerdo de París). Los Ángeles ha desarrollado una diplomacia vinculada al trabajo de sus habitantes en la que los estudiantes de sus instituciones superiores se han convertido en embajadores de la ciudad. El enfoque de Amsterdam es aún más amplio, ya que sus esfuerzos diplomáticos no se limitan a las actividades del gobierno municipal sino, que integra las empresas, universidades, museos e instituciones culturales que se coordinan e incluso participan en las delegaciones de visitas de la ciudad al extranjero.


De acuerdo con el profesor Joel Day, del Centro de Diplomacia Pública de la Universidad del Sur de California, hay dos enfoques principales que explican la participación de las ciudades en relaciones internacionales. Por un lado, está la perspectiva de la competitividad de las ciudades que considera que entre más líderes y actores mundiales compartan la historia y las ventajas de una localidad, será más viable reclutar talento, atraer inversiones y empresas y apuntalarse como destino para turistas, artistas e intelectuales, por los que compiten otras ciudades. Según Day, las ciudades que enfatizan esta escuela de pensamiento, aprovechan sus ventajas competitivas en rubros muy diversos para hacerse atractivas a profesionistas e inversionistas para asegurar el futuro y sostenibilidad de sus habitantes. El segundo enfoque privilegia la gobernanza y el bienestar. Aquí las ciudades buscan que su influencia internacional permita atender y resolver problemas que pueden mejorar el nivel de vida de quienes viven las ciudades. En este sentido, las ciudades no solo se ven como lugares que resienten el impacto de problemas mundiales, como calentamiento global o migración, sino que se asumen como actores globales que pueden aportar a transformar esas situaciones. Esta visión tiene más que ver con establecer relaciones para mejorar las condiciones de habitantes urbanos y menos con la atracción de capitales o talento, como el enfoque competitivo.


Según Day, un buen ejemplo del primer enfoque es “Londres está abierto” la estrategia post-Brexit que buscaba presentar a la ciudad como comprometida con la creatividad y llena de oportunidades para empresarios de todo el mundo. En el segundo enfoque destaca el nuevo movimiento municipalista de Barcelona cuyo activismo como actor internacional busca detonar conversaciones e incidir en temas de impacto global como la vivienda accesible, el racismo y el cambio climático.


Para encontrar su vocación en el terreno mundial, Day sugiere a los alcaldes responder cinco preguntas:


1. ¿Por qué debería buscar tener un mayor juego internacional?

2. ¿Dónde o en qué audiencia desea incidir y a quienes debería escuchar?

3. ¿Con quién debe involucrarse para desarrollar su diplomacia?

4. ¿Cómo medir el éxito de sus iniciativas internacionales?

5. ¿En cuánto tiempo pueden alcanzarse las metas deseadas?


La diplomacia es un terreno en el que muchas ciudades mexicanas podrían articular sus decisiones de gobierno y políticas públicas con las aportaciones de sus universidades, hospitales, museos, asociaciones empresariales y muchos otros activos. Esta oportunidad de posicionamiento es aún más apremiante para las ciudades y regiones que desean aprovechar el efecto del nearshoring para atraer industrias y cadenas de suministro o que quieren vincularse con iniciativas que ayuden a responder al calentamiento global o la escasez de agua que afectan cada vez más a nuestro país.


En momentos en que la presencia internacional de México se ha achicado, muchas de sus ciudades deben asumirse como actores mundiales con experiencias valiosas que pueden aportar al resto del mundo, como polos atractivos que atraigan recursos y talento para acelerar su bienestar y como detonadores de alianzas y conversaciones que permitan encontrar soluciones a sus problemas más apremiantes.


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