• Antonio Ocaranza Fernández

AMLO y los mensajes con la salida de Santiago Nieto


Santiago Nieto en una de las conferencias mañaneras del presidente. (Foto: archivo/ video presidencia)

 

La renuncia de Santiago Nieto y su sustitución con Pablo Gómez refuerza la tendencia de AMLO a favorecer la lealtad y concentrar poder.

 

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El presidente López Obrador actuó con rapidez para neutralizar el escándalo desatado alrededor de la boda de Carla Humphrey y Santiago Nieto que sus detractores han presentado como una muestra de hipocresía y una afrenta a la austeridad que pregona. Aunque a la acción presidencial se le darán muchas lecturas, reafirmará la impresión de que el presidente intenta proteger y concentrar su poder. Los escándalos minan la credibilidad de su gobierno en momentos en que requiere de mayor capacidad de persuasión para obligar a la oposición en el Congreso, cada vez más empoderada, a aprobar sus iniciativas. Para explicar la actitud del presidente podemos considerar lo siguiente:


1.- “Es el dinero, estúpido”: AMLO no reaccionó a una boda suntuosa. Sabía que Santiago Nieto se casaba en Antigua, Guatemala, y había sido invitado, según dijo. En cambio, los 35 mil dólares confiscados en el avión del director de El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz, representó una doble afrenta. Por un lado, aunque el dinero fue declarado al salir de México, su confiscación de camino a la boda del responsable de la UIF hace ver mal al gobierno. Por el otro, el presidente considera al Sr. Ealy Ortiz un componente del sistema neoliberal que critica todas las mañanas. Que Nieto haya invitado a Ealy ya era controversial, pero que por su dinero y su avión privado se haya cuestionado la sinceridad del gobierno en la lucha contra los abusos del pasado y la corrupción, fue imperdonable. A eso se refiere Santiago Nieto cuando escribe sobre “…las criticas derivadas de actos de terceros relacionados con un evento personal y transparente…”. No fue la boda sino Ealy y su dinero.

2.- Ruido innecesario: el presidente tendrá una buena semana internacional con su visita a la ONU y, posiblemente, su primera reunión trilateral con Joe Biden y Justin Trudeau en Washington la semana del 15 de noviembre. Terminar con el escándalo de Guatemala permite controlar el momento y sacarle provecho a los aciertos de estos días. 3.- Barbas a remojar: a tres años de gobierno, la disciplina de la 4T parece relajarse. Los Nieto-Humphrey sin duda evaluaron dónde hacer su boda y a quiénes invitar y, aunque no pudieron anticipar un escándalo de dinero, habría sido ingenuo no pensar que les llovieran críticas. Ni a ellos ni nadie en su entorno se le ocurrió que fuera una mala idea. El presidente no desea que la disciplina se diluya y tomará acciones similares en el futuro a quienes la quebranten. Es mejor que los colaboradores de la 4T tomen un Dramamine para evitar marearse en un ladrillo. Adicionalmente, vale la pena considerar dos aspectos preocupantes de incidente y la renuncia de Santiago Nieto.

1.- Politización de la justicia. el encarcelamiento de Lozoya, la persecución de Anaya y la designación de Pablo Gómez apuntan a un endurecimiento de la impartición de justicia. Gómez no conoce los temas de la UIF y se cuestiona su designación desde muy diversos ángulos. Es probable que, para avanzar en procesos legales aletargados, en los próximos dos años veamos mayor politización de la justicia. Pablo Gómez viene de perder la diputación federal en Coyoacán contra Gabriel Quadri, algo que el presidente no se explica y no perdona a la clase media de esa demarcación. La designación de Gómez se leerá como un paso hacia el uso político de la UIF para controlar a los adversarios.


2.- Aumentará el fuego amigo. Correrán miles de versiones sobre las preguntas: ¿cómo se filtró la incautación del dinero en Guatemala? ¿Quién deseaba afectar a Santiago Nieto? ¿A cuál de los presidenciables debilita su salida? El incidente alimentará la paranoia entre los equipos de Sheinbaum y Ebrard y aumentará el fuego amigo a medida que se acerque el 2024. En la sucesión presidencial, mantener la disciplina entre los aspirantes y sus equipos siempre ha sido un reto para un presidente, pero los tiempos adelantados que propició López Obrador hacen mucho más complicada la tarea.

El incidente de Guatemala dejará de ser una anécdota para convertirse en un ejemplo más de una tendencia del gobierno: López Obrador está reforzando el círculo de colaboradores con gente leal y operativa que le permita concentrar más poder. Esto ocurrió con el cambio de Olga Cordero y su sustitución por Adán Augusto López y ahora con la llegada de Pablo Gómez a la UIF. El presidente está midiendo a sus colaboradores para definir con quien transita el resto del sexenio; quien quiera sobrevivirlo que mejor posponga su boda.

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