• Antonio Ocaranza Fernández

AMLO y el estilo personal de reformar.

Actualizado: 1 jul 2021


 

Muchas empresas han optado por la vía de la negociación para evitar mayor confrontación con el gobierno y continuar sus negocios sin mayores sobresaltos.

 

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En su conferencia del 3 de marzo, el presidente López Obrador usó la renegociación del contrato entre Pemex y Braskem para explicar la razón de su lucha por cambiar al país y su estilo personal para transformarlo.



En primer lugar, AMLO argumenta que por muchos años México ha sido explotado por una minoría de altos funcionarios y empresarios, con frecuencia descritos como rapaces, que han abusado de los recursos del país para enriquecerse y han dañado al país promoviendo la corrupción.


Aunque quizá sea una generalización equivocada, es difícil no coincidir en algún grado con el argumento presidencial, en especial si es cierta la explicación del gobierno sobre las condiciones de la relación original Braskem-Pemex.


En segundo lugar, el presidente describe las acciones que gradualmente aplica para erradicar lo que considera injusticias y abusos en la industria de energía y otros sectores y sentar a las empresas a renegociar los contratos que juzga injustos y onerosos.

En la primera fase, respetando el marco legal existente, el gobierno intimida a las empresas a través de:


1. La presión mediática por el ataque constante y la estigmatización en las conferencias mañaneras y/o,

2. La amenaza de procedimientos judiciales en contra de ejecutivos que pudieran haber violado la ley.


Muchas empresas han entendido el mensaje y optado por la vía de la negociación para evitar mayor confrontación con el gobierno y continuar sus negocios sin mayores sobresaltos. Cuando esto ocurre, el propio presidente las reconoce y pone como ejemplo.


Cuando las empresas, escuchando los argumentos de sus abogados, se inclinan por tomar el camino del litigio, el presidente pasa a la segunda fase, la reformista:


3. El marco legal se ajusta para elevar el costo económico y político de las empresas reacias a entender. La reforma a la ley de la energía eléctrica sí busca fortalecer a la CFE pero, principalmente, es una palanca de presión para sentar a las empresas a la mesa y redefinir las condiciones de los contratos.


Si Iberdrola y otras empresas se sientan a renegociar contratos mas “justos” para la CFE, el gobierno puede aplicar la ley de manera que refleje los nuevos acuerdos.


4. El siguiente paso es el litigio en tribunales de México y a través de los mecanismos de solución de controversias de tratados internacionales.


5. En caso de que estas controversias tomen tiempo o el gobierno las pierda, AMLO procedería a promover una reforma constitucional. Puede debatirse si el presidente cuenta con los votos suficientes para cambiar la Constitución, pero nadie debe dudar que lo intentará.


6. Finalmente, el recurso de la expropiación. El presidente ha rechazado “expropiar por expropiar”, pero es una opción que evaluará seriamente de ser necesario.


Hay quienes todavía reaccionan con sorpresa a las acciones del presidente López Obrador con expresiones como “esto es una locura”, “eso nunca va a ocurrir”, “esto es un regreso al pasado”, etc. El presidente contesta que la verdadera locura es continuar aceptando la estructura de explotación y abuso que priva en México.


AMLO también ha dejado claro que no está en contra de los empresarios. Los considera fundamentales para el progreso de México y ha explicado la fórmula para llevarla bien con su gobierno: adáptense a la “nueva realidad política”; procedan con transparencia, buena fe y sin influyentismo; rechacen la corrupción; paguen impuestos de manera puntual y justa y hagan negocios buscando ganancias razonables.


En síntesis, actúen correctamente.


Sin duda, hay modos y aspectos de la política del gobierno que son criticables, pero la popularidad del presidente, que sigue por encima del 60%, se debe a que su discurso resuena en la mayoría de los mexicanos, incluso entre quienes no votarían por él. El México de abusos que describe todos los días existe y el deseo de los mexicanos de terminar con la corrupción es abrumador.


Para aquellas empresas que se sienten a la defensiva ante el discurso presidencial, la opción es sencilla: expliquen y demuestren que su manera de actuar es correcta y en beneficio de México y ganen, mas allá de la simpatía presidencial, el respaldo de la opinión pública y los ciudadanos.



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